Un día se llena con las siestas que caben en él
La cuenta es más simple de lo que parece. Su día va de la hora a la que se levanta a la hora a la que se acuesta. Dentro caben las siestas que duran lo que duran las suyas, separadas por los ratos que aguanta despierto.
Si sumas eso y te pasas de la hora de la cama, le sobra una siesta. Si te falta, todavía no.
De ahí sale un número que se puede seguir
Con su hora de levantarse, su hora de acostarse, lo que aguanta despierto y lo que le duran las siestas, se puede resolver al revés: cuánto tendría que aguantar para que le cupiera un día con una siesta menos.
La diferencia entre ese número y el que hace ahora es la distancia real. napnap la dice en minutos —«le faltan 30 min»— y eso se puede seguir semana a semana. «Entre los seis y los nueve meses», no.
Lo que no hay que hacer
Quitar una siesta por calendario, porque en un foro pone que a los siete meses toca. Esto se mueve cuando el bebé aguanta más despierto, y forzarlo antes se paga con una tarde imposible y una noche peor.
Los días raros son parte del proceso, no la señal: una siesta de la tarde que no entra, o que entra y luego la cama se va más tarde. Aparecen semanas antes de que la transición sea real.
Y cómo se nota cuando ya ha pasado
La que sobra suele ser la última del día, y suele irse sola: se queda en una cabezada, cuesta que entre, o entra y descoloca la noche.
napnap cuenta las siestas que hace de verdad, día cerrado a día cerrado, y cambia el número cuando ha pasado — no cuando el calendario dice que debería.